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Concédenos la sabiduría del diálogo

06/08/2009
El Cronista
 
Raúl Medina Fernández
 
El diálogo es uno de los principales objetivos de la democracia. Poder vivir en democracia implica desarrollar la capacidad de dialogar entre los distintos estamentos de la sociedad, que en principio procuran la defensa de sus propios intereses sectoriales, para poder alcanzar una visión compartida sobre el futuro de la Nación.
Para esto es requisito ineludible que entre las partes exista una comunicación franca y sincera en todos aquellos temas que afectan directamente a la vida de las comunidades, pueblos, ciudades, provincias, regiones de la Nación.
Sabemos que la mayoría de los problemas humanos, independientemente de su diversidad tienen que ver con las relaciones personales y la comunicación. El desafío tanto en lo social y personal es poder comunicarnos a través de las palabras para no dejar de ser humanos. Si bien el diálogo cual varita mágica no va resolver nuestros problemas, inevitablemente, todos ellos deben primero solucionarse a través del diálogo.
Nuestro gran objetivo entonces es procurar primero comprender al otro con intención y actitud genuina para luego poder ser comprendido. Cuando se enfrentan discusiones difíciles y complejas y se alcanza la comprensión, se experimenta una gran sensación de alivio y crecimiento; de avance y progreso humano. Cuando no, campean la tensión, la pesadumbre; el desconcierto y una sensación de fracaso.
En general solemos asumir que la esencia de un conflicto personal o social tiene sus raíces en el contenido de un desacuerdo, pero en tanto las partes demuestren su predisposición a encontrarse, a reunirse para investigar, o analizar conjuntamente un tema, no existe conflicto.
Frente a la instantaneidad y globalidad de la comunicación actual, debemos preguntarnos si como país hemos mejorado y perfeccionado nuestros hábitos para poder comprendernos mejor. Daría la impresión muchas veces que no. ¿Será que no existe una preocupación auténtica y genuina por el bien común del país?
Estamos hoy ante una instancia de diálogo en la cual los líderes políticos, empresariales, sindicales y religiosos están convencidos que es necesario sentarse a una misma mesa para dialogar sobre los apremiantes problemas sociales, económicos y políticos que hoy nos aquejan. Es absolutamente necesario e imprescindible para todos los actores dejar de lado la rivalidad, el conflicto y la lucha por el poder, fundamentalmente porque la sociedad no lo tolera más.
No podría haber mayor beneficio para nuestro país y para consolidar su futuro democrático que seamos capaces de trascender nuestras diferencias culturales, políticas, religiosas, y las de clases para trabajar efectivamente en la búsqueda de la solución de nuestros problemas comunes, especialmente la pobreza. Si estas diferencias nos polarizan estaremos bloqueados.
Es oportuno recordar a Nelson Mandela el gran estadista sudafricano, que después de haber sufrido por años la cárcel, tuvo la capacidad de dejar de lado el resentimiento, sabiendo que sólo desde el perdón se podría restituir la memoria de un pasado sufriente y así afianzar la paz para construir un futuro venturoso para Sudáfrica. Al salir de la cárcel convocó a un diálogo amplio, sincero y constructivo a todos los sectores y partidos políticos incluido el de sus antiguos enemigos quienes lo habían tenido prisionero. Así logrando acuerdos y consensos comunes, gestados entre todos, salvó a su país de una lucha fratricida.
Por lo tanto el diálogo es y será, hoy y mañana, la condición necesaria para resolver nuestros problemas, alcanzar consensos y generar políticas de estado; basadas en los principios de nuestra democracia según lo establece nuestra Constitución Nacional, desterrando así cualquier vestigio de dictadura, tiranía o hegemonía de cualquier sector de la sociedad.
El bien de nuestra querida Patria Argentina, así nos lo exige a todos.
 
 
Contactos
Andrés Hatum
e-mail: ahatum@iae.edu.ar
Tel.: +54 (230) 448-1624
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