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Un verano inolvidable

18/03/2012
La Prensa
 
Juan José Llach
 
Hacía muchos años, y de triste memoria, que no teníamos un verano tan lleno de novedades y conflictos como el que está por terminar. Las buenas noticias vinieron de afuera y las locales fueron casi todas malas. La peor fue sin duda la evitable tragedia de Once, con 51 muertos y un sinnúmero de heridos.

Ella puso en evidencia la preocupante incapacidad del Estado para gobernarse a si mismo, en este caso al permitir que la regulación de los ferrocarriles fuera en los hechos casi irrelevante en materia de seguridad, y probablemente capturada por los propios concesionarios (el conocido fenómeno de captura de agencia). En contraste, con los dineros de deportes para todo se podrían haber comprado unos 150 vagones nuevos por año, aumentando de manera sustancial la seguridad de un transporte urbano hoy totalmente indigno.

En un orden muy distinto, el verano comenzó con el perfeccionamiento del control de cambios, iniciado ante una crisis autoinfligida de escasez de divisas. Por ahora el mecanismo ha logrado restringir la demanda de moneda extranjera, aumentar así la demanda de pesos y lograr que no se dispare la brecha entre el dólar oficial y los paralelos manteniéndola entre 10% y 15%. A esto contribuyeron las nuevas medidas de control de importaciones, ya que a las licencias no automáticas se agregaron engorrosas autorizaciones de la AFIP y de Comercio.

Son pésimas ideas que parecen ignorar la naturaleza global de los procesos industriales actuales y que, además, colocan en las manos de una sola persona la potestad de decidir sobre la fortuna de cada una de las empresas argentinas, algo probablemente sin antecedentes mundiales en tiempos de paz.

Como los controles de cambios, éstos pueden tener algún éxito corto en reducir la demanda de divisas pero ya están generando costos para la actividad económica y, salvo que se corrijan rápidamente, perjudicarán también al crecimiento de mediano y largo plazo.

RACIONAL Y EQUITATIVA

La cuarta novedad fue el anuncio de la rebaja de subsidios, racional y equitativa en sí misma, pero por ahora muy modesta en ahorros fiscales anuales -tal vez unos 5.000 millones de pesos del total de los 75.000 otorgados el año pasado, o sea apenas 0,23% del PBI. Si el gobierno nacional logra finalmente doblegar la resistencia del gobierno porteño en subtes y colectivos -algo dudoso- se ahorraría otros 1.400 millones de pesos. Difícilmente se animarán las autoridades nacionales, en cambio, a extender demasiado el ajuste a otras franjas sociales.

La quinta novedad fue la sequía, por fortuna cortada ahora con las abundantes lluvias de febrero y lo que va de marzo. Aun así es probable que se pierdan 10 millones de toneladas de maíz y 8 de soja respecto de lo previsto, unos 6.240 millones de dólares menos para la economía (1,35% del PBI) y 7.900 millones de pesos (0,37% del PBI) menos para el fisco. Pero la soja siempre vuelve y la pérdida mencionada se compensará en parte con la notable recuperación de su precio durante el verano.

La sexta novedad es la intención hasta hoy poco clara de hacer algo con YPF, tal vez nacionalizarla. El modo de hacerlo que se ha planteado aparece mucho más como parte de las cambiantes y misteriosas relaciones con los capitalistas amigos que como un intento racional de aumentar la producción o discutir seriamente la apropiación de la renta petrolera.

Aparecen en séptimo lugar evidencias de que las paritarias no serán sumisas, sino rebeldes, y con acuerdos mayores al intentado 18%. A esto ayudan, en primer lugar, la propia inflación -que no aumenta pero tampoco cede-, el poco claro conflicto con los Moyano, el descarado incremento de las dietas de los legisladores -que deben ganar bien, pero no aumentarse a semejante ritmo- y la nueva economía de importaciones con cuotas, que induce a una actitud más concesiva de parte de los empresarios.

LA MADRE DEL BORREGO

Las últimas novedades de la política económica, muy importantes, son las anunciadas reformas de la carta orgánica del BCRA y de la ley de convertibilidad cuyos objetivos centrales son cobrar más impuesto inflacionario aumentando significativamente los márgenes para prestarle al Gobierno en unos 45.000 millones de pesos (2,1% del PBI) y, de paso, suprimir toda meta de inflación, regla monetaria o ancla nominal, que quedan al arbitrio del directorio del BCRA, lo mismo que el monto adecuado de reservas.

Esto permitiría también un arreglo con el Club de París, pero la disminución de la relación reservas/base monetaria lo hará más riesgoso. La reforma aludida también posibilitará volver al dirigismo financiero iniciado en 1945 cuyos beneficios fueron, en el mejor de los casos, muy dudosos.

DESDE FUERA

Otras noticias han venido desde afuera. Las de Brasil no son tan buenas, ya que el PBI creció sólo 0,3% t/t en el cuarto trimestre de 2011 y 2,7% en el año; la producción industrial cayó 1,7% m/m en enero y hubo fuertes caídas de la producción de autos, aunque no en las ventas. Esto fue lo que llevó al Banco Central a bajar la tasa de interés al 9,75%, procurando en el camino una menor apreciación del real. Aun en un marco complejo como éste sorprendió la magnitud de la caída de las exportaciones argentinas a Brasil en febrero: 24,8%.

Las noticias del norte han sido mejores, con Estados Unidos afianzando su recuperación, evidenciada sobre todo en los 1,2 millones de empleos creados en el último semestre, record desde 2006. Aunque la restructuración de la deuda griega no es una solución definitiva ayudará a que Europa tenga en 2012 una recesión suave o un crecimiento nulo del PBI. La Gran Recesión II se aleja más aun.

De todo lo dicho queda claro que la opción del gobierno se ha recostado mucho más sobre la profundización del modelo que sobre una sintonía que de fina no tiene nada. Predomina una brocha gorda que pinta todo de un mismo color sin fijarse en los daños colaterales.

Uno de ellos apunta directamente a lo que ha sido el corazón de la política económica desde 2003, la competitividad industrial. Día a día van en aumento las empresas que están disminuyendo sus exportaciones porque no pueden competir dado el sostenido incremento de los costos en divisas, a razón de un 15% anual en los últimos cuatro años, es decir un 75% acumulado. Casi no hay sector manufacturero, incluyendo muchas de las agroindustrias, que pueda absorber semejante aumento de costos y por ello a la reducción de exportaciones se agregará también una caída de la inversión. El refugio es, por cierto, el mercado interno que se promueve a cualquier costo.

Todo bien, pero se trata de un mercado que, como se probó hasta el hartazgo en la historia económica de la Argentina, encuentra pronto sus límites. Ojalá las autoridades perciban la seriedad del daño que se está infligiendo al tejido productivo nacional.

POR JUAN JOSE LLACH
 
 
    
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